Necesitamos Niños Respetuosos

¡Hola, hola, familias de FamilyPlayland! 

¡Bienvenidos a nuestro espacio semanal!

Soy Marisol Castro y es un gusto enorme reconectar con ustedes para seguir navegando juntos las emociones y los desafíos de esta aventura de ser padres. 

Hoy quiero que hablemos de esa línea súper delgada que, a veces, nos cuesta tanto ver: la diferencia entre ser respetuosos y ser permisivos.

La crianza respetuosa está de moda, y eso es maravilloso. Queremos evitar los gritos y validar las emociones de nuestros hijos. Pero ojo: respetar no es dejar que hagan lo que quieran sin una guía clara, sin reglas ni límites. ¡Eso no es educar!

Educar, honestamente, requiere tiempo, esfuerzo y mucha energía. Y sí, a veces, a nuestros hijos no les gustarán nuestros límites (e incluso puede que no les caigamos bien por un rato)… ¡y está bien! No estamos aquí para convencerlos de los límites que establezcamos, ni para negociar absolutamente todo con ellos, sino para ser el piloto del avión que los lleva a buen puerto. Nuestro trabajo es cuidar de su seguridad física y de su bienestar emocional, protegiendo siempre nuestra relación con ellos.

La forma en que ponemos límites, lo cambia todo.

Poner un límite no requiere gritos, amenazas, ni mucho menos castigos. Lo que necesitamos es establecer el límite con firmeza y amor. ¿Por qué? Porque les damos un marco seguro y ellos se sienten protegidos. Podemos ser amables y respetuosos a la vez que establecemos y mantenemos el límite.

Como enseña Jane Nelsen “Los límites son amor en acción. La amabilidad respeta al niño; la firmeza te respeta a ti”.  Los límites son esa cerca que, aunque parezca restrictiva, en realidad reduce la ansiedad y permite que sientan verdadera libertad al saber hasta dónde pueden llegar. 

Muchas veces cedemos para evitar el conflicto, por cansancio, por prisa, porque simplemente no estamos emocionalmente disponibles o porque creemos que es “respetuoso”. ¡Es humano! Pero ceder de forma constante, aunque parezca el camino fácil, los confunde y, a la larga, aumenta su ansiedad. Dejarlos hacer lo que quieran no es respetuoso; es dejarlos a la deriva. ¿Te gustaría viajar en un avión que no tiene piloto? Nuestro rol es sostener el rumbo con respeto y amabilidad.

Ya hablaremos otra semana, de la importancia que tiene dejar que los niños se frustren y que asuman pérdidas para que puedan madurar.


Para Intentar (Mini práctica de la semana)

La próxima vez que tengas que poner un límite y sientas que viene una descarga emocional prueba esta fórmula:

Antes de enunciar el límite

  1. Usa una frase para nombrar la emoción.
  2. Usa una frase para nombrar la regla.

Ejemplo: “Veo que quieres seguir jugando. Ahora toca cenar.”

  1. RESPIRA. Guarda silencio. No te enganches. No des explicaciones y no los trates de convencer racionalmente de porqué es importante tu límite. Van a quejarse (ya lo sabes). Acompaña esa emoción (su trabajo es expresar lo que sienten ) y sostén el límite sin discursos largos (tu trabajo es ser su guía y cuidarlos). Verás cómo tu liderazgo y la firmeza con amor hacen magia. 

¡Nos vemos la próxima semana…  para seguir Hablando de Crianza!

Marisol Castro — Coach en Crianza Consciente | Co-fundadora de LANTERNI 

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